21/09/2008
`Levantar una crisis sin trabajar, ¡mal, zagal!

EL GRADO.- En todos los pueblos hay constancia de pequeñas historias protagonizadas por personas de grandes sentimientos. La de José Puyal y Carmen Sopena está vinculada al establecimiento Tres Caminos, en el municipio de El Grado. El establecimiento del sector de restauración ya forma parte de la historia del pueblo desde que José y Carmen se vinieron desde Capella y Bellestar y lo fundaron hace medio siglo. En tiempos difíciles, arriesgaron con vista comercial y el fruto de su trabajo ha dado buenos resultados.

Los `abuelos` de la familia Puyal han asumido en las fiestas pasadas el protagonismo propio de `Personajes del Año`, bien merecido por el esfuerzo de sacar adelante una familia numerosa con seis hijos: Pepe, Antonio, Javier, Luis, Miguel Ángel y Carmen. Ahora es más fácil `sacarle` un rato de tiempo perdido a José Puyal para que cuente retazos de su vida. Todo comenzó hace cincuenta años. `La mitad de estas historias han sido casi siempre por cuestiones de pura necesidad. No lo olvides`.

En la que considera su `triste vida, aunque no lo ha sido nunca`, ha aguantado `muchos golpes`.

`Una vez, cuando el butano, me cogió en pleno negocio que llevaba con hombres en el monte. Salió el gas butano, me mató el carbón y ¡adiós!`.

José tiene 88 años, pero es hombre de memoria fresca. `Después me tocó la cuadra. Mientras trabajé en los montes, cada viaje que hacía a Barcelona con carbón, regresaba cargado de ladrillos. He puesto más que en la presa de El Grado (ríe). Todo eso llegó al punto final y aún aguanté la cuadra dos años. Tenía de las mejores de la provincia`.

En aquellos tiempos, se estilaban buena fe y confianza. A veces, con resultados inesperados. `Uno me debía cuarenta mil duros de carbón, otro no me pagaba, algunos pedían y el carbón tenía poca salida. Así que no me quedó más remedio que reorientar la vida por otros derroteros y eso me trajo hasta El Grado, cuando comenzaban las obras de construcción de la presa`.

Con la intuición propia de los hombres de la montaña se dijo: `¡A ver!, aquí hacen algo nuevo y aunque no es de lo mío, probaremos. Así que abrí el primer restaurante Tres Caminos, el pequeño, el viejo. Le puse este nombre porque estaba en medio de tres carreteras con mucho tráfico y, además, bien orientadas`.

El `abuelo Puyal` recuerda que fueron comienzos difíciles. `En aquellos tiempos todo fue muy duro y me sacaron, de nuevo, a la calle. Antes me pegó el carbón y después el restaurante. Llegó un momento en que me debían 800.000 pesetas, de paso, y nadie venía a pagar. De vez en cuando les encorría cuando salían de las obras pero no reunía casi nada. Así que un día quemé el libro con los deudores, de puro asco`.

A fuerza de trabajo y constancia de todos, sacó adelante el negocio y la necesidad fue clave esencial. `Teníamos seis hijos y exigía mucho esfuerzo. Ha sido una lucha compartida con toda la familia y Carmen (su mujer, de 80 años) ha sido la gran suerte de mi vida. He tenido una santa mientras no tuvo un céntimo, nunca despegó la boca ni me habló de necesidades. ¡Amigo!, ahora que hay alguna perra me lleva como quiere`?

Torreciudad y la presa

El santuario de Torreciudad ha significado `¡todo!`. Por lo menos, dice, no le ha `sacado` nada, que de las obras del pantano perdió `muchas perras`. `Ahora el que viene, paga y listo. Le tengo el cariño más grande que puedo tener en esta vida, con la familia, claro. Cuando no tenía un real les di treinta mil duros, en tres veces, para ayudar`. A la construcción de la presa de El Grado le debe, `mucha experiencia` en el oficio. `Tengo respeto a los trabajadores aunque no se comportaron todos como debían`. Cuando escucha la palabra crisis enseguida dice: `¡Mal asunto!... es una de las peores situaciones que puede haber. Y ésta podría ser de las más malas porque hay otra clase de personal. Gente que no quiere saber nada, o muy poco, del trabajo. Y levantar una crisis sin trabajar, ¡mal, zagal!`.

José y Carmen han pasado media vida entre el mostrador y los fogones. `¡Ah!, una de las cosas que peor me saben, que cuestionen el trabajo y a quienes hemos trabajado mucho en la vida. Hay gente que no conoce el verdadero significado de esa palabra`. Desde que llegó al municipio, las cosas han cambiado, `hemos contribuido a la situación actual y eso es una ilusión que no nos quita nadie a estas alturas de nuestra vida`.

Antes de las fiestas patronales, en la última semana de agosto, recibieron el calor del homenaje popular organizado por la familia `en aquellos momentos y ante tanta gente solo dije a los hijos que no me hicieran hablar porque tenía muchas emociones contenidas`.

`¡Ya no tiene remedio!...

La prosperidad de la familia es el pago a los esfuerzos `pienso que es lo mejor del mundo, menos cuando estoy con ellos porque aún les falta experiencia. Mira, para apagar fuego hay que ser bombero. Aún mando pero no me escuchan. Ya no tiene remedio. Levanto la voz pero me quedo con la sensación de que todo se queda en eso`. Gracias a este oficio ha conocido a mucha gente, `en todas partes he dejado buen recuerdo`.

Este año han disfrutado del protagonismo de las fiestas patronales. `¡Ah! no hemos sido gente festera. Si te digo la verdad, habré estado media docena de veces desde que vine a El Grado. A misa y al trabajo`. Se considera un empresario `agradecido a Dios` cada día de su vida, que ha trabajado sin hacer ruido.

El mejor consejo que ha recibido en 88 años fue cuando era soldado. `No digo militar porque no lo he sido nunca. Vino a verme mi tío Valero, de Benasque, y me llevó al hotel donde se hospedaba. De paseo por Independencia, en Zaragoza, se me cayeron 10 céntimos al suelo, que los llevaba de casualidad. Y por no molestar a la gente los dejé en el suelo, pero mi tío se dio la vuelta y recogió la moneda, diciéndome: ¡Pepe, el que no coge 10 céntimos cuando puede no tiene diez duros cuando quiere!... No lo he olvidado nunca`.

Ángel HUGUET


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